domingo, 10 de abril de 2011

Soy yo

La siguiente es una aportación de la luz de mis ojos: mi hermana.

Soy graduada con honores de la indiferencia diaria que te invade cuando estamos juntos.
Soy soñadora eterna de las caricias de tus manos que aún no tocan mi cuerpo.
Soy esclava de un recuerdo que desvanece en tu mundo, pues su veracidad yace unicamente en mis pensamientos.
Soy testigo del silencio; de lo inaudible de tu labia.
Testigo de ese amor que das y del cual no me toca nada.
Cada noche caigo en pleitesía ante las estrellas, anhelando vehemente que estés conmigo un nuevo día.
Eres la fuente de mi inspiración; camema de mis versos ésta mañana, despierta tu imagen en mi mente y apareces con dulzura frente a mi ventana.
Eres la pieza clave de mis sonrisas, el motivo de mi risa y el deseo que me mantiene viva.
Tu presencia me hace falta aun cuando estas conmigo.
Tu voz se pierde y todo se vuelve taciturno aun cuando hay ruido.
Tu mirada me envuelve cuando coincido con ella y me olvido del mundo cuando te tengo cerca.
Pero haces que todo sea tan confuso. Me llevas de la mano y me sueltas a lo lejos.
Me hundo en el desasosiego que emana tu ausencia y retomo el desvalido camino de vuelta hacia mi soledad.
La incertidumbre de tus sentimientos, la indiferencia de tus pensamientos; desconozco por completo tus intereses, tus deseos.
Y no me queda más que admirarte en silencio; decifrarte con la tranquilidad del inexorable tiempo.
Soy tu compañera de siempre; prisionera de tu mirada, cautiva de tu suerte.
Soy quien felizmente se dedicaría a sacar de ti una sonrisa todos los dias.
Soy quien anhela de ti una caricia; aunque sea quiza solo una palabra.
Soy yo, tu fiel manceba. Seguidora de tus pasos, reposo de tus penas.
Soy quien muere con tu ausencia y renace en tu presencia.
Soy quien cuida tu morada; dia y noche a tu espera.
Regalame un poco de ti, descubre mi fragilidad y recuerdame asi, que aqui estoy; soy yo... Tu enamorada eterna.

Liz Angelica Ruiz Sosa
Published with Blogger-droid v1.6.8

viernes, 8 de abril de 2011

Los pasteles más caros de la historia

El señor Remontel, ciudadano francés dueño de un restaurante en el poblado de Tacubaya, lo declaraba enfáticamente: en 1832, oficiales del entonces presidente Antonio López de Santa Anna habían degustado de su finísima repostería francesa y, tras el placer, abandonaron su negocio sin pagar lo consumido, aprovechando los recurrentes disturbios y motines que asolaban por doquier. Por esa deuda impagada, Monsieur Remontel exigía ¡60 mil pesos de ese entonces! Tal reclamo —del que la prensa hizo mofa— dio nombre a la primera guerra de México con Francia: la “Guerra de los Pasteles”, ocurrida hace 170 años.

El contexto de este conflicto internacional fue el de una crisis generalizada en el territorio nacional: economía paralizada, inseguridad y malas comunicaciones, levantamientos armados… caldo de cultivo de una creciente inestabilidad. Era el año de 1837. Entonces, además de atender los asuntos internos, los hombres de gobierno debían estar vigilantes de lo que ocurría en las fronteras, pues el peligro acechaba constantemente al país. España se resistía a dar por perdida la que fuera su colonia más rica y ponía en marcha varios proyectos de reconquista; otras potencias, como Gran Bretaña, Estados Unidos y Francia, durante gran parte del siglo XIX encontraron pretextos para intimidar a la joven nación mexicana, llegando, en algunos casos, hasta la invasión. En ese marco, el gobierno mexicano recibió un mar de reclamaciones de extranjeros que se decían afectados en sus bienes y negocios. Los franceses adoptaron una posición especialmente exigente, acumulando quejas y demandando, con prepotencia, solución a situaciones en muchos casos dramatizadas.

El canciller francés Louis Mathie Molé ordenó a su ministro en México, Antoine Louis Deffaudis, presentar un ultimátum para el pago de una indemnización global de 600 mil pesos; por supuesto, esa cantidad era impensable para las arcas nacionales que estaban permanentemente en números rojos, además de que el gobierno se resistía a reconocer tal abuso porque no se sentía responsable de los disturbios políticos, y preveía que, si aceptaba dichas exigencias, sentaría un precedente que posteriormente podría ocasionar abusos de otros que se dijeran lesionados. A finales de 1837, la situación se agravó tras el fusilamiento de un filibustero francés, pero fue en febrero de 1838 cuando la amenaza se vio convertida en realidad, pues una escuadrilla francesa a las órdenes del comandante Bazoche arribó en Antón Lizardo, Veracruz, apostando a conseguir con la fuerza de los cañones lo que no había logrado el poder de la palabra.

El barón Deffaudis se dirigió hacia Veracruz para estar lo más cerca posible de los hechos, permaneciendo aproximadamente dos meses a bordo de la fragata Herminia, desde donde se mantenía alerta a las instrucciones que llegaran de Francia; su monarca, Luis Felipe, tomó entonces la decisión de enviar más fuerzas navales para responder a los agravios contra sus súbditos. En consecuencia, Deffaudis dirigió un ultimátum al gobierno mexicano, con lenguaje duro y altivo, ensalzando la benevolencia de Francia y echando en cara a los mexicanos el desdén con que trataban sus reclamaciones; en ese tono, el noble francés ponía como plazo el 15 de abril para: “… arreglar un tratado de navegación y comercio, como lo haría con la nación más favorecida, no imponer a los franceses contribuciones de guerra de ninguna especie, ni las conocidas con el nombre de préstamos y a no señalar coto al comercio al menudeo ejercido por aquellos”. De no recibir respuesta en el plazo determinado, se adoptaría las medidas necesarias hasta conseguir el cumplimiento perfecto del ultimátum.

El gobierno del presidente Anastasio Bustamante declaró que no entraría en negociaciones formales mientras la escuadrilla francesa estuviera en Veracruz; aprovechaba así, además, que ya se había generado un ambiente de orgullo nacional que unificaba a los mexicanos para defender la soberanía frente a la soberbia francesa. El 16 de abril, el comandante de la escuadra francesa en el Golfo, almirante Bazoche, declaró el cese de las relaciones entre México y Francia, y el bloqueo de todos los puertos de la República. En la realidad, sólo el puerto de Veracruz estuvo sitiado, y sus actividades paralizadas durante siete meses. Pasados los meses y sin llegar a un arreglo, Bazoche fue sustituido por el contralmirante Charles Baudin, veterano de las guerras napoleónicas, quien llegó acompañado del príncipe Joinville, hijo del rey Luis Felipe.

A finales de noviembre, comenzaron los hechos de armas; los cañones de la marina francesa lanzaron cientos de balas y bombas al fuerte de Ulúa; la desproporción de fuerzas y la escasez de parque del lado mexicano dio como resultado destrucción en la fortaleza y considerables bajas. Una junta de guerra declaró entonces la capitulación, el castillo fue entregado a Baudin y la bandera francesa fue izada. Como respuesta, el gobierno mexicano ordenó la salida de todos los franceses del país, rechazó la capitulación, aumentó las fuerzas del ejército y nombró un nuevo jefe de las operaciones en Veracruz: el general Antonio López de Santa Anna, quien estaba decidido a defender el puerto a como diera lugar. Para comenzar, prohibió que los franceses entraran a la ciudad y llamó a las fuerzas comandadas por el general Mariano Arista a combatir con toda violencia.

El 5 de diciembre de 1838, el príncipe Joinville ordenó un ataque al baluarte donde estaba Santa Anna; los franceses dispararon directamente a los soldados que formaban los guardias del general mexicano, dando muerte a varios de ellos y tomando prisionero a Arista. Cuando los enemigos se replegaban triunfantes, Santa Anna decidió que era buen momento para batirlos; entonces, acompañado de unos 300 hombres avanzó por el muelle, pero al verlo, los franceses descargaron metralla; el saldo fue de nueve muertos y otros tantos heridos, entre éstos el general Santa Anna, en la mano izquierda y en una pierna que se gangrenó y no hubo más opción que amputarla.

Las circunstancias bélicas afectaban también otros intereses, concretamente los de los comerciantes ingleses, quienes decidieron mostrar la fuerza de su flota —que fondeó en las playas de Veracruz a finales de año con 11 barcos dotados de 370 cañones—, con la intención de forzar a los franceses a negociar la paz. El comandante francés se vio obligado a conferenciar con el ministro inglés, Mr. Pakenham, y a aceptar su mediación. Las negociaciones tuvieron lugar a comienzos de 1839; al gobierno francés lo representaba Charles Baudin y al mexicano, Manuel Eduardo de Gorostiza, en esos momentos ministro de Relaciones Exteriores, y el ex presidente Guadalupe Victoria; como resultado, el 9 de marzo se firmó un tratado de paz en los siguientes términos: los franceses devolvían el castillo de San Juan de Ulúa; México prometía anular los préstamos forzosos y pagar 600 mil pesos de indemnización; ambos países se concedían el trato de nación más favorecida y entraban en negociaciones para firmar un tratado de comercio. Los tratados fueron ratificados por la Cámara de Diputados el 18 de marzo, por 27 votos contra 12; al día siguiente el Senado hizo lo mismo.

Si bien con estos acuerdos se consiguió la paz, la famosa deuda no se pudo cubrir como lo exigían los franceses y, años después, ese mismo argumento serviría de pretexto para echar a andar una nueva invasión contra México.
Texto de Elsa Aguilar Casas copiado de: INEHRM - Secretaría de Educación Pública

jueves, 7 de abril de 2011

Pueblo

Camino en calles sin banqueta, donde los caminos son para las vacas y algúno que otro caballo perdido.
Respiro un aire que aunque es demasiado limpio siempre huele mal.
El pueblo despierta antes que el sol pero se duerme también mucho antes que la luna.
En fin, soy un hombre en un pueblo de animales!!!
Published with Blogger-droid v1.6.8

martes, 16 de noviembre de 2010

Mis profecías derrotistas de ayer hoy se volvieron dejávus disimulados de nuevas derrotas.

Ayer me preguntaba que día podría ser peor. Hoy no me lo vuelvo a preguntar.

Ayer creía que este dolor provenía de mis derrotas. Hoy aprendí que también las derrotas ajenas pueden doler.

Ayer creí que era remediable esta situación. Hoy con tu muerte entendí que no.

Descanse en paz
JB



lunes, 15 de noviembre de 2010

Hoy

En días como estos me siento morir. Es horrible saber que he fracasado. Saber que no pude más. Saber que mi trabajo se ha caído hacia al vacío y darme cuenta que yo me fui con el.

En días como estos extraño la persona que fui. Extraño la promesa que seré y te extraño sobre todo a ti.

Necesito un respiro de mi vida. Necesito una ilusión. Necesito creer en algo, en alguien, o por lo menos en mi.

No me quiero arrepentir de lo hecho y menos de lo que deje de hacer; pero el hubiera me invade y me pone a pensar que habría pasado si...

En fin, no tiene caso. Mañana será otro día y seguramente será igual que hoy. La resignación me llama, la melancolía me abraza y el fracaso me augura.

Ojalá y mañana pueda hablar contigo. Ojalá y mañana sepa de ti. Porque te necesito en estos momentos difíciles. Porque te quiero en los instantes buenos. Porque te amo.



domingo, 14 de noviembre de 2010

Teoría de la organización y análisis organizacional: hacia nuevos paradigmas

«...el mundo moderno es una jaula de hierro de
sistemas racionales de la que no hay salida...»
Max Weber



Partiendo de la idea de que un paradigma es una revolución en el pensamiento, una idea capaz de sustituir otra tornándola como punto de partida para el desarrollo de una ciencia, sociedad o incluso más ideas, entonces resulta evidente la necesidad de nuevos paradigmas capaces de transformar la ya tan tediosa y rutinaria forma de ver la ciencia, es necesaria una idea capaz de envolver las distintas ramas del saber incluidas las denominadas ciencias sociales, donde el paradigma actual parte del mecanicismo universal de Newton y pasa por Marx y Weber, siendo en palabras del autor «una ciencia hegemónica que enseña que el mundo es reductible a un orden universal de leyes concretas… desde esta visión todo puede ser interpretado simplistamente…»

¿Qué es la Constitución? de F. Lasalle

«No se atreve el infernal Plutón a intentar
aquello a que se atreve el monje desenfrenado,
lleno por eso de viejas culpas»
Ferdinand Lasalle

En el siglo XIX, Fernando Lasalle pronuncio una conferencia que repitió un sin fin de veces alrededor de Alemania, Prusia, Austria y Hungría, sobre la Constitución; siendo de esta conferencia que surgió el clásico del Derecho Constitucional titulado ¿Qué es una constitución? donde sostiene que las constituciones «no son producto de las mejores plumas de una sociedad, sino una representación de la realidad política del momento.»

La elite del poder de Mills

«Los poderes de los hombres corrientes están circunscritos por los mundos cotidianos en que viven, pero aún en esos círculos del trabajo, de la familia, y de la vecindad muchas veces parecen arrastrados por fuerzas que no pueden ni comprender ni gobernar»

Introducción al pensamiento político. Cerroni


«Si se concibe a la ciencia política como una disciplina moderna, ello depende, en sustancia, del hecho de que se le atribuye la calidad de ciencia a un determinado modo de considerar y tratar los problemas políticos. Los antiguos también escribieron sobre política, pero la distancia entre ellos y los modernos es abismal.»
Con las anteriores palabras es como el traductor de la obra del maestro italiano inicia su reseña en la contraportada definiendo en escasas palabras el tema nodal de la obra.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Ven y matame


Por más que trato de recordar aquella noche en la que te conocí no puedo. Mis doctores dicen que es un mecanismo de auto defensa, mis amigos me dicen que es mejor que te olvide y mis enemigos me comentan que nunca paso.
Como quisiera que estuvieras aquí para que entendieran como es que se siente verte y después dejar de hacerlo, tenerte y no, besar tus labios muertos y tocar tu viva piel.